He visto a un joven quemándose a las 2 AM, me entero por los medios que le amputarán las manos y quedará ciego. Me duele, me importa. Quisiera entender porqué a los 22 años alguien quiere poner una bomba. Probablemente hay ganas de ser visible, ganas de ser importante para alguien, de una rematadamente loca forma (quizás enferma). Intuyo la soledad acumulada... de esa infinitamente oscura. Esa soledad humillante que engendra rabia, esa que engendra bilis negra y no da posibilidad a un futuro distinto.
Leo el artículo en "The Clinic" y los comentarios acerca del hecho. Primero me da tristeza, segundo me pone en guardia.
Entiendo de como el miedo conservador se enfrenta. No lo comparto.
Son bombas idénticas la puesta por Luciano Pitronello y las palabras de aquellos opinantes. Real la primera, metáforicas y dentro de la legalidad las segundas. Pero tengo la triste impresión, que si estos opinantes pudieran ser los guardianes, seguramente sobrepasarían el rigor de toda ley amparados de su miedo y paranoia, tal como Torquemada en la Inquisición. Todos terminaríamos en la hoguera, sin manos y ciegos, no por un delito sino que causa de sus miedos.
Aquellos que se deleitan con las tristes consecuencias, son de una cobardía proverbial. Cobardía frente al hipotético caso de toparse con un joven con una bomba (poco probable), algo ínfimo de su integridad se menoscabe. Pero ese tipo de miedo es peligroso. Ese miedo hace perder el alma.
Esas personas entienden la vida como una trinchera de la Segunda Guerra. "Ó el o yo", entonces disparan. Pero les aviso, tenemos suerte de no ser un país en guerra. De poder seguir con el alma abierta y crear y formar esta República jóven. Tenemos el lujo de sorperdernos y horrorizarnos por lo que de verdad es importante: ¿Por qué puñetera razón un hombre jóven de 22 años está poniendo una bombas?. Ese es el trabajo que hay que enfrentar.
El regocijo en el dolor de otro me da asco.
Le temo más aquellos que alardean de felicidad por estos hechos aludiendo a la "Ley del Talión" (quien a hierro mata a hierro muere), que a un adolescente en un acto estúpido. Le temo a aquellos que no tienen emoción alguna alguna frente al sufrimiento de otro, y transitan como amables ciudadanos, problablemente prósperos empresarios, padres y madres de familia "bien" constituidas y (lo más probable) católicos fervientes. Les temo, porque finalmente el no tener empatía con el dolor ajeno, sea cual sea la situación es un síntoma de sicopatía.
Piedad es la palabra, compasión, ponerse de una puta vez en el lugar de otro, aunque el pellejo corra el riesgo. Él estaba solo en la noche, sin poder pedirle a nadie ayuda, con el cuerpo ardiendo.
Espero que se se cure lo mejor posible. Si para lo que tenemos visión y manos, la vida es jodidamente dura, para él lo será más, sumado al estigma de sus actos. Y por sobre todo, ojalá que ese forado en el alma que se llama soledad lo llene alguna vez... por que ese ese espacio emocional, frío, desgarrado y sin esperanza es que lleva a poner bombas...
Hay otras maneras de cambiar el mundo, o por lo menos los titulares... Estos días España nos enseña que para intentar cambiar las cosas no es necesaria la violencia, con sus acampadas y sus Indignados que piden una "Democracia real". Por favor: ternura con la República joven que tenemos. Hay gente que marcha manifestándose contra HidroAysén. Hay las página web que se bloquean, hay blogs para gritar lo que nos venga en gana... hay posibilidad de voto (cosa que los chilenos sabemos es un derecho y un deber, perdido en un tiempo, recuperado con mucho trabajo, y que da un dolor infinito que no todos quieran disfrutar y ejercer).
Finalmente, para los señores que se regocijan con el dolor de otro, un aviso: Ya su tienen la psique llena de esquirlas, y su ceguera es evidente. Esa alegría les explotó en el minuto que tecleaban feroces sus comentarios. Ese miedo congela el alma, y para esta no hay prótesis ni perros guías una vez que se pierde...
5 comments/write to me:
Hola Zoe, pensé exactamente lo que tú expresas tan bien en esta columna. Soy periodista, se supone que estoy acostumbrado a leer a trolls, pero los comentarios que leí en emol y en el blog del muchacho (publicado por emol y luego por todos) me dejaron un sabor tan amargo que lo debatí en mi facebook.
El debate lo enfoqué en la responsabilidad social de los medios de comunicación al permitir comentarios y burlas que atentan contra la dignidad de las personas. Al principio mis propios colegas me trataron de censurador, pero luego -asumo que no habían leído los comentarios- me encontraron la razón.
Al rato, seguía pensando en la crueldad de las palabras, en ese fascismo cotidiano que no permite reflexión y en la psicopatía de no tener empatía con el dolor ajeno. Y mucho en una mujer mayor que posteó "me alegro, uno menos". Dejé de consolarme en la certeza de que estúpidos siempre existirán, sobre todo si viven arriba en la cordillera y todo lo de abajo es una otredad que no comprenden y los asusta.
Así que entré, esta vez a sus perfiles de facebook, muchos eran técnicos, trabajadores promedios, estudiantes de institutos (no sólo de la PUC). El miedo, la ignorancia y el desprecio a la vida, ha permeado transversalmente.
Me pregunto si éstas no son las mismas características que impulsaron a una clase social a exigir un golpe de estado hace menos de 40 años. Me pregunto por qué la educación cívica y los derechos humanos no son un ramo en el colegio. Me pregunto quién tiene más odio dentro. Y ninguna respuesta me deja tranquilo.
Zoe: me parece curioso, por decir lo menos, lo que dice Rodrigo Alvarado, en el sentido de que entró a los perfiles de Facebook de quienes posteamos en el blog de Luciano Pitronello.
Hasta donde sé, éstos están ligados al nombre de la persona, o a un seudónimo, y dudo muchísimo que alguien haya usado este último para postear allí, y mucho menos su nombre propio, ya que se está tratando con criminales violentos que se autodenominan "anarquistas", y a nadie, creo yo, le gustaría tener que despertarse en mitad de la noche para despejar de su puerta a alguno de ellos que terminara en llamas al tratar de poner una bomba en su hogar.
Una mentira así, invalida -si es posible hacerlo aun más- todos los lindos sofismas que Alvarado vierte en su comentario de más arriba.
Y por último, es bueno no olvidar que Pitronello eligió por voluntad propia ir a poner la bomba y sus riesgos, y por lo tanto, acepta con alegría lo que le ocurrió.
Dicho esto, aquí no ha pasado nada y podemos continuar con nuestras vidas en paz.
ANTRObus
Muchas gracias Rodrigo por dejar tu comentario. También creo que educar es la respuesta, educar en el respeto y la tolerancia... educar hasta que duela.
Antrobus, comparto que nadie quiere despertar con una bomba en la puerta de su casa. El tema es la reacción de aquellos ciudadanos que se alegran y ensalzan en el dolor de otro humano.
Los actos de Pitronello ciertamente responden a su elección, al giro de su destino.
Pero es nuestra sociedad la que da vida y alimenta cierto tipo de delitos. Cada sociedad genera por sus fracturas una criminalidad en relación directa a éstas. Y como sociedad somos responsables desde nos correponda revisar y aportar en la restauración de estas fracturas. Ya sean históricas, sociales, económicas, de género, etc.
Son finalmente nuestras fracturas.
Saludos desde este lado del teclado
Un último dato, creo que a lo que Rodrigo se refiere, es a los comentarios en sitio Emol, en donde la gente comenta con sus perfiles de Facebook.
Más Saludos
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