
"Let the Right go in", fue ganadora a la mejor película de ficción en Tribeca 2008, dirigida por Tomas Alfredson se presenta como una película de vampiros, pero es en realidad una película acerca de la infancia.
Ambientada en un pueblo sueco durante algún invierno de los 80, los protagonistas Oskar y Eli no tienen otra forma de sobrellevar su desamparo, más que vivir de manera invisible, dónde no los puedan dañar. Deben estar permanentemente escondidos (o a la luz de sol, o a los golpes de los abusadores). Ambos son marginales, ambos transitan por el borde del olvido, ambos viven escondiéndose del entorno.
Los dos niños comienzan a encontrarse en los jardines del edificio dónde viven , encuentros que se producen en esa especie de "no lugar", fuera de casa. Un espacio blanco, nocturno, un espacio de tránsito, dónde pueden por fin existir el uno para el otro. Así nacen las grandes amistades y los grandes amores, en los márgenes cuando los distintos se encuentran.
Se trata una gran película de vampiros, dirigida con un tempo exquisito, envuelto en una monocromía austera, que da para saborear la nieve helada, la sangre y el miedo. Pero también es una bellísima película acerca de la soledad, y lo complejo que es ser niño...
Ambientada en un pueblo sueco durante algún invierno de los 80, los protagonistas Oskar y Eli no tienen otra forma de sobrellevar su desamparo, más que vivir de manera invisible, dónde no los puedan dañar. Deben estar permanentemente escondidos (o a la luz de sol, o a los golpes de los abusadores). Ambos son marginales, ambos transitan por el borde del olvido, ambos viven escondiéndose del entorno.
Los dos niños comienzan a encontrarse en los jardines del edificio dónde viven , encuentros que se producen en esa especie de "no lugar", fuera de casa. Un espacio blanco, nocturno, un espacio de tránsito, dónde pueden por fin existir el uno para el otro. Así nacen las grandes amistades y los grandes amores, en los márgenes cuando los distintos se encuentran.
Se trata una gran película de vampiros, dirigida con un tempo exquisito, envuelto en una monocromía austera, que da para saborear la nieve helada, la sangre y el miedo. Pero también es una bellísima película acerca de la soledad, y lo complejo que es ser niño...














